Cuestión de lógica

La semana pasada me quedé sin lana para un proyecto importante: una bufanda en forma de cadena para mi sobrina, que será uno de sus regalos de Navidad. La lana la había comprado en ovillos.com, así que lógicamente me veía en la obligación de hacer un pedido a la web. Y claro, ya que iba a comprar, lógicamente lo normal es preguntar a las amigas si se apuntan al pedido: no tardaron ni un cuarto de hora en enviarme sus listas por e-mail xDD

Total, que me presenté esta tarde con el marío en la sede de Ovillos, relativamente cerca de mi casa, y aluciné con la instalación. No porque sea una tienda de diseño o una nave industrial ultra moderna. Todo lo contrario: se trata de una especie de local de ladrillo y madera que parece sacado directamente de una película de gángsters de los años 50. El interior sigue el mismo estilo: estantes desde el suelo hasta el techo llenos a rebosar de lana, y un señor mayor muy amable que terminó de preparar mi pedido mientras yo curioseaba por ahí. Todo tenía un aire antiguo, como de otro siglo. Los estantes de madera, la luz mortecina, la ausencia total de tecnología (lo más avanzado, una báscula para pesar la lana)... Todo un contraste con el invento de esta gente de vender ovillos por Internet.

Eso sí, en pocos minutos tuve el pedido listo :) Aquí unas fotillos del momento del desembalaje en casa para preparar los paquetes individuales. ¡Y el domingo reparto! :D

El paquete, justo antes de abrirlo


Contenido del paquete


Unas muestras que pedí para facilitar próximas compras xDD

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